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Cuestión de fe

¿Qué es la fe? ¿Puedo llegar a tenerla?

Para dirigirnos a examinar la cuestión de la fe nada mejor que nos dirijamos al libro que más extensamente habla sobre ella: la Biblia.

En ella nos dice que la fe es: “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”(Heb.11:1). Un estudiante tiene fe cuando confía en que si contesta el examen conforme a los criterios del profesor aprobará (en un sentido, se puede decir, que lo ha “prometido”), o tiene fe también cuando le enseñan en clase la composición molecular del agua (nunca la visto pero no duda del profesor). Si trasladamos el tema de la fe a Dios, que es el tema que aquí nos interesa, tener fe en Dios es creer que él existe, que es real, y que al que confía en él le espera una vida a su lado por toda la eternidad. Dentro de estos parámetros básicos podríamos decir que hay mucho otros niveles de fe en Dios que tienen que ver con una serie de promesas que él da para la vida diaria de los que quieren vivirla en una relación con él.

Aún así, si examinamos el tema de la fe en todo la amplitud de la enseñanza bíblica, nos damos cuenta de que ésta va más allá del simple asentimiento intelectual, del simple creer que Dios existe. En algunos lugares, la Biblia nos habla de la fe como único requisito para empezar una relación con Dios, para alcanzar la salvación, pero en otros, explicitando más la profundidad del hecho de tener fe, se nos habla de que es necesario arrepentirse y creer el evangelio. El término arrepentimiento en el idioma griego en que está escrita parte de la Biblia (el Nuevo Testamento), significa “cambio de dirección”. Se utilizaba cuando el viajero, bien por haberse equivocado u otro motivo, decidía que tenía que cambiar de rumbo en su camino.

La fe, por tanto, es una creencia en Jesucristo que conlleva un cambio total de dirección en la vida. Es un reconocimiento de la incapacidad del hombre para gobernar su vida lo que le lleva a ponerse en manos del creador de ella.

¿Cómo se llega a tener fe? En la Biblia encontramos una interesante paradoja que nos ayuda a comprender esto mejor, nos habla del papel que juegan tanto Dios como el ser humano. Por una parte nos dice: “por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues don de Dios”(Ef.2:8) o “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”(Fil.2:13), dando a entender que la misma fe es producto de Dios en el corazón del hombre. Nadie puede convencerse a sí mismo de algo que no cree. Sin embargo también nos dice que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”(Rom.10:17). Esta es la parte que le corresponde al hombre.

Una última historia, de la vida de Jesús, ayudará un poco más a entender el proceso de cómo se desarrolla la fe en la vida de las personas. En una ocasión, en una fase temprana del ministerio público de Jesús, se encontró con unos hombres que estaban pescando. En realidad habían acabado de hacerloy no habían pescado nada, cuando Jesús les pidió la barca para predicar desde ella a la multitud. Al terminar su mensaje les dijo a los hombres que echaran la red de nuevo para pescar. Pedro, uno de ellos, quizá en función de portavoz de los que allí estaban, le explicó que ya no había muchas posibilidades de pescar nada, pero por respeto a él, por lo que ya iban conociendo de su persona, le obedecería. Finalmente, le pesca acabó siendo tan abundante que, tras ver esta maravilla de Dios en sus vidas nos dice que lo dejaron todo y le siguieron. Este fue un momento de inflexión en la vida de estos hombre que se convirtieron en discípulos de Jesús.

Todo empezó con una valoración de la persona de Jesús (no sabemos qué grado de fe en él como Hijo de Dios habría) y un gesto de obediencia. Lo demás queda en manos de Dios, él es fiel y no dejará desamparada a cada persona que desea tener fe, a cada persona que le busca con sinceridad.

Jesús: “Por eso os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”
La Biblia. Evangelio de Lucas,11:9-10