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Todos los caminos llevan a Roma

¿Son todas las religiones iguales?

“Todas las religiones son iguales, no importa cual elijas seguir o creer, finalmente todas tienen la misma finalidad, todas llevan a Dios”. Esta es una afirmación que se repite continuamente, pero ¿es suficiente su reiteración para tomarla como válida?.

Hablar de las distintas religiones es hablar de los diversos modos de contestar a la pregunta sobre el sentido de la vida. No hay nada más relevante y trascendente que esta cuestión, ¿cómo podemos insinuar tan a la ligera que no importa qué respuesta se quiera dar (al decir que “todas las religiones son iguales”)?, ¿no será que lo hacemos desde la postura del que no está dispuesto a implicarse con ninguna de las respuestas? o ¿no será, también, que preferimos diseñarnos nuestra religión o creencia a la carta para que se acomode a nuestro gusto e interés y que no nos rete a cambiar nada de nuestro estatus?

Un sabio judío dijo hace más de tres mil años: “Dios ha puesto eternidad en el corazón del hombre”. Esta reflexión parte de la observación de la necesidad del ser humano por alcanzar la trascendencia, la inquietud por conocer el más allá, aquello que se sale de los límites de lo finito como modo de saciar el anhelo más profundo del ser humano. Esta inquietud está en la base de cualquier creencia religiosa. Pero ¿son los modos de acercarse a Dios, la trascendencia, el más allá, los mismos en todas las religiones? o ¿son compatibles entre sí los distintos modelos que se proponen? Juzgue cada uno.

Indudablemente existe mucho en común entre las distintas religiones. Muchas de ellas reconocen a un creador y tienen una teoría sobre el origen de todo. Todas, de algún modo, distinguen entre el bien y el mal. La mayoría fomentan la adoración e imparten una ética que rige el vivir diario.

Pero si examinamos más a fondo encontramos diferencias auténticamente asombrosas. Piénsese en el concepto de divinidad, por ejemplo. Mientras el budismo huye de toda idea positiva o definida de Dios, las religiones tribales son politeístas, y dentro de esta gama cabe todo: desde el “Brahman” impersonal del hinduismo al Dios personal del cristianismo.

Otro ejemplo sería la idea cristiana de la encarnación. La afirmación de que Dios penetró en la Historia como ser humano es una afirmación limitada exclusivamente a la fe cristiana. Otras religiones pueden aducir las manifestaciones provisionales y esporádicas de la deidad, pero sólo el cristianismo parte del concepto de que Dios, literalmente, se convirtió en hombre para la salvación de la humanidad.

¿Podemos decir, a la luz de la observación, que todas religiones o creencias, en el fondo, son iguales? Todas las religiones afirman ciertas cosas exclusivas. Es cierto que algunas religiones orientales tienen como afirmación básica que “todos los caminos”, de un modo u otro, llevan a Dios, y que así mismo, personas relevantes de otras religiones -como sería el caso del Jesús cristiano- han sido hombres que han destacado por su grandeza espiritual y su capacidad para guiar a otros por el camino de la trascendencia. Pero, por ejemplo, Jesús dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí”. Él habló de su persona como “el” camino para llegar a Dios, y personalizó “la” verdad en sí mismo. El mensaje de Jesucristo fue excluyente frente a todos los demás mensajes. Esto no es compatible con ninguna otra fe. Jesucristo no podía ser otro maestro espiritual más, o era “el camino” (no “un camino”) o bien era el farsante más grande de toda la historia.

Cuanto más analizamos las distintas creencias más nos damos cuenta de lo que difieren unas de otras, incluso se contradicen. Frente a esto, y por último, cabe decir que es posible que todas fueran erróneas, que ninguna esté indicando el camino, pero nunca podemos decir que todas sean correctas o lleven igualmente a Dios.