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La “impresionante soledad” de nuestra sociedad, descrita a la perfección en ‘La Red Social’

Explicar en la gran pantalla el fenómeno que ha revolucionado millones de pequeñas pantallas en todo el mundo. Era el reto de “La Red Social”, la película que explica la creación del gigante Facebook. David Fincher lo ha conseguido gracias a la “inteligencia asombrosa” de una historia que se ha llevado varios galardones en la reciente entrega de los Globos de Oro (mejor película dramática, guión y director). José de Segovia observa que la película recuerda en muchos aspectos al clásico “Ciudadano Kane”, por su capacidad de explicar cómo los avances tecnológicos que nos conectan con miles de persones han conseguido reforzar aún más nuestro sentimiento de soledad.

“Una película sobre el vacío”. Así resumiría José de Segovia (periodista, autor y teólogo) “La Red Social” -en inglés, “The Social Network”-, la película de David Fincher que tras triunfar en las taquillas y en los Globos de Oro, será muy probablemente también la más aplaudida en los Oscar.

El film, que en España aún se puede ver en algunos cines, es un “aproximación bastante sorprendente al mundo de la informática, no mostrando pantallas ni siquiera el diseño e imagen de Facebook, sino realmente lo que ocurre al otro lado, el lado humano”. Este es el punto fuerte de una historia en la que se expone la sombra que planea sobre el nuevo universo de las redes sociales: “Una soledad impresionante no sólo del creador de Facebook, sino de todo el mundo que le rodea”.

El guión de la película es uno de los aspectos más logrados de la película. Aaron Sorkin, guionista también de “El Lado Oeste de la Casa Blanca”, consigue atrapar al espectador con conversaciones de una “inteligencia asombrosa”. Explica Segovia que al ver algunas escenas, “los diálogos te dejan sobrecogidos, y te da ganas de darle al ‘replay’ para escucharlos otra vez”.

UNA COMUNICACIÓN DESCONTROLADA

Facebook y otras redes han conseguido aumentar aún más la velocidad de comunicación entre las personas. Pero este ritmo de interacción acelerado ha empeorado la calidad de nuestra comunicación en el día a día, cree Segovia. “La Red Social” consigue describirlo bien: “La aceleración de las conversaciones en la película intenta comunicar la velocidad de un medio que ha cambiado la vida” de los usuarios de internet. Sobrepasando al email, las redes sociales han dado aún más protagonismo a “una conexión instantánea” que ha provocado que el lenguaje se haya deteriorado preocupantemente, opina el periodista. Internet está lleno del “reducto de gente extrema, fanáticos, todo tipo de personajes que se caracterizan por insultar y disparar contra todo lo que mueva” con una “agresividad extrema”. Es sólo un síntoma de las nuevas formas de comunicación en la red, que van “más rápido que el pensamiento”, y nos llevan a perder la capacidad de “sopesar los pensamientos”, cree Segovia.

Además, esta comunicación desordenada puede dejar huellas difíciles de borrar. “En internet no se escribe con lápiz, se escribe con tinta”, dice uno de los personajes en un momento clave del film. Con ello quiere decir que lo que uno escribe en la red en un momento dado “queda ahí durante muchos años a la vista y la lectura de cualquiera”.

Un logro de “La Red Social” es haber conseguido plasmar las contradicciones de Facebook. “Una de las grandes ironías de la película es que un medio que se supone que crea la amistad, surge de la enemistad, y crea mucha más enemistad aún entre aquellos que instalan la red”. Es más, la amistad tal como la define Facebook, es algo que no existe en la vida real, cree Segovia.

La red social devalúa las relaciones entre personas. La intimidad y la confianza, por ejemplo, quedan completamente anuladas por la “rumorología” que define internet. La fidelidad es otro valor de la amistad que desaparece: “En la película se muestra hasta qué punto este concepto de amistad es carente de todo compromiso”.

EL PROBLEMA NO ES FACEBOOK

En todo caso “el problema no es Facebook ni ninguna otra red social”, considera Segovia. Debemos fijarnos en “la sociedad en la que estamos viviendo, en la cual la amistad se ha abaratado a unos grados asombrosos; ya no sabemos lo que es un amigo, empezando porque ni siquiera no sabemos lo que es familia, intimidad”. Podemos “estar reunidos bajo un mismo techo y sin embargo aislados por unas pantallas”. Hace un tiempo las familias se reunían alrededor de la caja tonta de la televisión, ahora ya ni eso, considera Segovia, “cada uno con su pantalla”. Todo ello nos muestra que “vivimos en una sociedad de profunda incomunicación”.

¿Por qué rehuimos el contacto abierto y cercano con otros? Cree el periodista que una de las respuestas podría ser que comunicarse implica un esfuerzo que muchos no quieren hacer. “Mostrarse uno tal como es tiene un coste”. En una red social, en cambio, uno puede “confundir el personaje con la persona, así muchas veces lo que hacemos es alentar este instinto que todos tenemos de construir un personaje que no somos nosotros”. Ante esta falta de transparencia, la amistad real se disipa. Y así, se pierde “la seguridad que uno puede tener en un amigo”.

LOS ECOS DE “CIUDADANO KANE”

Desde el punto de vista cinematográfico, “La Red Social” recuerda a un gran clásico que narró los grandes cambios en la comunicación de los años 30. “Sin duda que el inicio de la película y el eco que tiene al final es un homenaje a la película número uno en todas las listas en la historia del cine, ‘Ciudadano Kane’”, opina Segovia. En el film de Orson Welles “se reproduce también a otro gran magnate de la comunicación, el que fue el tiburón de la prensa americana, W.R. Hearst, que llegó a crear todo un mundo de la nada, como hace ahora el creador de Facebook, Mark Zuckerberg”.

Como en “Ciudadano Kane”, “La Red Social” también presenta a un protagonista que se encuentra ante “un mundo vedado al que quiere entrar”, a través de una gran ambición que “va acompañada un sentido de orfandad, de vacío”. La película “muestra a un ser humano con la sensación de pérdida, hay algo que inexplicablemente se ha quedado en el camino, donde están nuestros sueños, ilusiones, ambiciones, a las que finalmente no hemos llegado”, dice Segovia. “Puedes tener toda la fortuna que tenía el personaje de ‘Ciudadano Kane’, o de Zuckerberg ahora, que es uno de los hombres más ricos del mundo, y sin embargo no tener nada, como concluye la película de la Red Social”.

LA SOLEDAD, EL FACTOR DECISIVO

Cree Segovia que es importante darse cuenta que la soledad es “una disfuncionalidad que está en el centro de lo que hoy creemos que es nuestra forma de comunicación, por medio de esta tecnología”. El periodista del diario El País Jordi Costa lo definía recientemente como una “cósmica soledad”. La revista Newsweek explicaba que este sentimiento “asola nuestra sociedad hasta el fondo”. En el trasfondo, sugiere Segovia, está el “afán del hombre de ser conocido y perdonado de todo”.

Pero “esto es algo que obviamente ni la red, ni la tecnología, ni el mero contacto humano te puede dar”, cree. Solo somos conocidos por quien nos ideó. “La Biblia nos muestra que sólo el Creador” puede conocernos de verdad. Lo mismo sucede con la necesidad de perdón, otro gran tema de la película: “El hombre podrá perdonar, pero no olvidarlo, y sin embargo este es el sueño que tenemos, poder empezar algo de nuevo, dejar de lado nuestros errores y que sean borrados”.

SER CONOCIDO DE VERDAD

“En nuestra cultura de tecnología y conocimiento hemos querido llegar más alto, y sin embargo estamos cada vez más lejos, no solamente de aquél que nos ha creado, sino también entre nosotros mismos”. Esta idea ya la resumía Pablo en la carta a los Efesios, en la que se presenta “a una humanidad extranjera de sí misma, extraña totalmente”. “Todo lo que producimos es una manifestación de esa enajenación total que tenemos, la alienación completa en la que vivimos sin nuestro creador, sin nuestro Dios”, dice Segovia. “Vivimos rodeados de muros que levantamos nosotros mismos, como protección”, algo que al final no sirve para nada, porque “deseamos ser conocidos y ser perdonados del todo, y esto solamente es posible cuando Dios rompe ese muro, esa pared es totalmente echada abajo por el único que puede hacerlo, el que nos ha dado la vida por medio de su Hijo, Jesucristo”.

“La buena noticia es que hay otro que ha roto el muro que nos separa de Dios y de los demás”. Así conseguimos, esta vez sí, una “amistad duradera, a diferencia de ese tipo de lazos superficiales”. Además, el perdón aquí es completo.

Esta amistad profunda, íntima y real se da porque “ese Dios mismo se ha encarnado”, se ha hecho hombre, se ha puesto a nuestro nivel, y “ha venido a vivir entre nosotros”, explica Segovia. “Ha conocido por sí mismo nuestra vida, ha roto ese muro que nos alejaba”. “Nos ha acercado a él, y esto sin duda es la mejor noticia para una generación como la nuestra que tiene hambre de ser conocido, de ser aceptado, de dejar de estar solo, y encontrar finalmente la única amistad que perdura y merece la pena”.

Fuente: BARCELONA, 23/01/2010 (Emision.net / J. Forster, Protestantedigital.com)