Coldplay

Coldplay insiste con lo suyo

GRUPO: Coldplay. DISCO: Leftrightleftrightleft (2009)

Hay indicios que muestran cuándo una banda se ha convertido en una gran banda. Uno de ellos es que la música evoluciona hacia nuevos sonidos sin necesidad de cambiar los ingredientes (léase integrantes) del grupo. Otro es que las giras pueden trazarse escogiendo cualquier ciudad del mundo y llenar siempre el estadio de fútbol, el pabellón de baloncesto o la arena de béisbol local. Y un tercer indicio podría ser que el grupo se puede permitir lujos como no vender un disco, sino regalarlo.

Leftrightleftrighleft (2009) es lo que se puede leer en la carátula del compact disc que se lleva cualquier fan por ir a ver a Coldplay en directo. Así, en mano, por la compra de una entrada. Y para los que no se puedan pagar por ver la actuación, los 9 live tracks se pueden bajar gratuitamente desde mediados de mayo en la página web del grupo. “Es un gracias a los fans, en momentos de crisis”, dicen. En los primeros 5 días, más de 3,5 millones de personas se lo habían bajado, y legalmente, que siempre es una satisfacción.

Lo dicho, Coldplay es una banda madura que se ha convertido en un referente a la hora de definir lo que debe ser un espectáculo en directo. Sus actuaciones están a la altura de las de U2 (¿dónde están las viejas comparaciones?), los Rolling Stones, AC/DC, Robbie Williams, y pocos más. Su pop épico no ha dejado de buscar el éxtasis constante, pero también pueden hacer callar a 50.000 personas con la melancolía de Martin, cantando solo en medio del vacío.

Es así como empieza Leftrightleftrightleft, en “Glass of Water” (2009). La voz del filántropo de Devon entona tranquilamente una melodía primaveral que podría poner música a lo que pasa ante los ojos de quien en un sábado soleado coge la bici y cruza a toda velocidad los prados verdes de la Inglaterra del norte. Los árboles aislados, los verdes, el sol tímido en la cabeza, la brisa en la cara, los primeros insectos que empiezan a zumbear. “Everybody’s ok?” pregunta Martin a los fans durante la canción, y hasta 3 veces más durante el disco, cómo quien en el salón de su casa pregunta a los invitados si están cómodos, si hay algo más que se les pueda ofrecer. Chris se mueve por el escenario como Pedro por su casa.

De las casi diez canciones grabadas en diferentes partes del mundo destaca también “42” (2008), la joya escondida del último trabajo de estudio. Como “Fix You” en X&Y (2005), “42” hace de contra en Viva la Vida or Death and All of his Friends (2008), de cara B al single principal, es la canción en la que uno no se fija mucho porque suele quedar semienterrada entre temas más potentes. Pero ahí está Martin entonando la nana: “Those who are dead are not dead, they’re just living in my head”, con la inocencia aparente de las canciones que se le cantan a un niño que no quiere dormirse. El piano y Martin en intimidad. Y su voz que sube más, y más, y cuando toca el techo del recinto proclama: “Life is so short and I’m sure there must be something more”. Es una aproximación más a lo espiritual de un filósofo agnóstico.

Después de una “Clocks” (2002) que lejos de sonar a repetición (cosa que sí pasa con Fix You”) convence con matices nuevos que la hacen aún más explosiva, más luminosa, más torrencial, aparece otra pieza reformada en gran canción: “The Hardest Part” (2005). Otra vez Martin y el piano. Empezando una octava por debajo de lo habitual, en un grave que lamenta “everything I know is wrong, everything I do it just comes undone”, para añadir una outro que se va retrasando hacia el final y se resuelve con un arpegio de música clásica.

Y entonces, el fin de fiesta. Basta con las primeras notas punteadas de los violines (da igual que estén grabados), para que todos sepan que esto se acaba, que llega la traca final. Oooo-oooo-oh, oooo-oooo-oh!, canta el público antes de tiempo. Es “Viva la Vida” (2008), y si aún queda alguien que no la haya escuchado es porque no ha visto un partido del Barça en toda la temporada (sí, el equipo ese que ha ganado tres campeonatos este año). La canción favorita de Guardiola crece, crece, crece, hablando de imperios que caen, caen, caen. Es el hit del que todos sacan un significado diferente, y del que Coldplay se niega a explicar nada (“Cada uno puede interpretar la canción como quiera”, dicen en las entrevistas). Y por fin, Martin da su aprobación: “Ok… everybody”, y los fans se desgañitan otra vez, ahora sí, cuando toca: Oooo-oooo-oh, oooo-oooo-oh! Y siguen así incluso cuando la canción ya ha acabado.

El bis y última canción de Leftrightleftrightleft es la preciosa “Death and all his Friends” (2008), que después del cambio de ritmo (a un 6/4 poco usual en música pop) concluye: “No, no quiero batallar de principio a fin, no quiero reciclar la venganza, no quiero seguir a la muerte y a sus amigos”.

Es un último síntoma que explica por qué Coldplay sigue conectando con tanta gente: insisten con las preguntas sobre la existencia. ¿Qué hay detrás de todo esto que vemos? ¿Qué es lo que acompaña a la muerte? Y… ¿en qué consiste Vivir la Vida?

MULTIMEDIA
Pueden escuchar aquí el audio de las canciones siguientes, todas incluidas en Leftrightleftrightleft:

1. 42

2. Viva la Vida

3. Death and all his Friends