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Afirmar que conoces la “verdad”, ¿no es una actitud intolerante?

Cada vez escuchamos más decir que afirmar algo con rotundidad, con convicción, está relacionado con una actitud poco tolerante. Quizá debamos empezar analizando lo que es la tolerancia en sí.

Según el diccionario de la RAE, tolerancia es el “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. Desde esta definición partimos de un supuesto básico de entrada: que haya ideas, creencias o prácticas diferentes o contrarias a las propias. Hacia éstas se debe tener respeto. Pero ¿qué es tener respeto a las ideas de los demás? ¿aceptarlas como válidas? ¿estar de acuerdo? ¿no tener una convicción propia que manifestar? o ¿más bien dar la oportunidad a los demás de manifestar su opinión aunque sea completamente contraria a la nuestra?. ¿Cuántas veces no has debatido un asunto con otra persona con la que estabas convencido de que estaba equivocada (por ejemplo por motivos tan claros como que tú estabas presente en el momento del hecho discutido, mientras que la otra persona no)? ¿crees que hubiera sido correcto que tu interlocutor te hubiera tachado de intolerante por no estar de acuerdo con su opinión –a pesar de que le hubieras escuchado muy respetuosamente? ¿crees que habrías actuado con intolerancia por mantener tu punto de vista con firmeza, independientemente de la buena atención que hubieras tenido hacia él para que expresase su opinión y el respeto hacia su persona? ¿crees que en nombre de la tolerancia no tienes derecho a decirle que está equivocado, que tú conoces lo que ocurrió?.

El problema que subyace detrás de esta concepción sobre la tolerancia tiene que ver con la cuestión del relativismo. Hoy día, en una época donde el concepto de verdad, así como de cualquier afirmación absoluta, está devaluado a causa del fracaso del proyecto de la modernidad y su valoración de los absolutos, estamos entrando en el extremo opuesto de una valoración desmedida del relativismo. “No hay verdades absolutas, sólo pequeñas verdades locales que dependen de cada cultura o contexto social, incluso de las circunstancias individuales de cada persona”. Es una época, también, donde el pragmatismo está tomando el control de lo que somos, hacemos y pensamos: “si esto te vale a ti, o a mí, si esto te funciona, bien está”.

El debate que subyace a la pregunta (o más bien, afirmación) que estamos analizando, gira en torno a la oposición: verdad-relativismo. Se nos está vendiendo la idea de que ser relativista (aceptar todas las verdades como buenas o posibles) es ser tolerante y defender una única verdad es ser intolerante con las demás verdades. Esto es un planteamiento equivocado de la cuestión. No estamos hablando de la oposición entre una postura que sostiene una idea o verdad absoluta (bien sea sobre el tema de Dios o cualquier otro), una postura cerrada que no mira a otras, y otra que sostiene que todas las verdades son válidas, y por tanto abierta. Estamos hablando de una oposición entre dos posturas absolutas. El absoluto que es la opinión del que cree que sólo hay una verdad y el absoluto del que cree que la verdad es relativa (que por cierto, los que defienden esta segunda opción se están engañando al no darse cuenta que defienden un absoluto; si la verdad fuera relativa, según se defiende, tampoco tendría por qué ser cierta la afirmación absoluta de que “la verdad es relativa”, con esta declaración se está pretendiendo que sea una verdad absoluta, lo que es una incongruencia con la esencia de su opinión. Filosóficamente hablando, el relativismo no se puede sostener).

Si la intolerancia es la postura del que no respeta la opinión o idea de los demás (o sea, no deja que se exprese con libertad, no le escucha ni trata a la otra persona con respeto, intenta coaccionarle para que no haga pública su opinión, etc.), ¿cuál sería tu diagnóstico sobre quién actúa con intolerancia en estos casos?.

Caso A: Dos personas debaten sobre sus diferentes posturas absolutas sobre el relativismo. Uno es relativista y el otro no-relativista. Los dos expresan sus puntos de vista y los argumentan. Se escuchan con respeto y ninguno intenta coaccionar al otro, ni físicamente (gracias a Dios vivimos en una sociedad medianamente civilizada), ni tampoco dialécticamente (por ejemplo, insultando al otro, o ridiculizando lo que dice, o incluso “etiquetando” a la otra persona en razón a sus ideas). Los dos defienden su postura con firmeza, es más, dicen abiertamente al otro que creen que está equivocado, y finalmente acaban el debate sin haber cambiado ninguno de parecer. ¿Ha actuado alguien con intolerancia?, si crees que alguno sí lo ha sido ¿en base a qué? ¿a su comportamiento? ¿a sus ideas?…

Caso B: Las mismas personas debaten sobre el mismo punto. Pero en esta ocasión uno, aunque no agrede físicamente al otro (aún seguimos en la sociedad civilizada) sí que le intenta coaccionar para que no se exprese con libertad diciéndole que su postura absoluta es intolerante (sin darse cuenta que los dos defienden puntos de vista o verdades absolutas, pues no creen estar equivocados en lo que dicen). Podríamos llamarle una agresión o coacción dialéctica. ¿Ha actuado alguno con una actitud intolerante? ¿quién? ¿por qué?. Dejo todas estas respuestas a tu reflexión personal.

Me gustaría acabar con una última historia. Imagina que un banco con el que no tienes cuenta corriente saca una promoción en la que durante los tres meses siguientes cada estudiante universitario que se abra una cuenta con ellos tendrá un obsequio de un ordenador portátil, así mismo durante todos los años que tengas la cuenta con ellos te garantizan bonos descuento periódicamente en hamburgueserías y pizzerías de la zona. Tú te acercas al banco, quizá convencido, quizá escéptico, pero acabas comprobando que es cierto, así que firmas y te preparas para recibir tu ordenador. ¿Qué harías con tus compañeros de clase, como mínimo, aunque también con cada estudiante con el que tuvieras oportunidad?, ¿les contarías lo ilusionado que estás o no?, ¿les dirías que aprovechen el momento porque es una oportunidad única o te callarías egoístamente?, y por cierto, ¿cómo te sentirías ante el amigo que te dice que no te cree y que eres un intolerante hablándole de que tu banco es la mejor opción (cuando encima no lo haces con el afán de discutir si no de contarle la “buena noticia” que has descubierto)?

Los cristianos son personas que han creído y experimentado en sus vidas el beneficio del evangelio de Jesucristo (evangelio significa “buenas noticias”). ¿Qué harás la próxima vez que tengas la oportunidad de hablar con uno (aunque no creas que sea real lo que te cuentan… estás en tu derecho)? ¿le tildarás de intolerante? ¿seguirás convencido que intolerante es la mejor descripción para ellos? Por cierto, ¿no estarías dispuesto a acercarte al banco a averiguar si es cierto lo que éste ofrece?… no pierdes nada y el tiempo para tomar una decisión es limitado, no lo olvides.