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¿En qué te basas para creer en Dios?

Ante la pregunta: “¿En qué fundamentos te basas para creer en Dios?” creo que te debería contestar: ¿En qué fundamentos te basas para no creer en Dios?. El problema de la pregunta anterior es que se confunde con las preguntas cotidianas que nos hacemos sobre la vida natural, empírica, demostrable. Hemos aprendido desde pequeños a no creernos nada que no se pueda comprobar de un modo tangible. “No lo creo si no lo veo”.

Pero ¿qué ocurre con la existencia o no de realidades que están en la dimensión de lo no empírico, de lo no demostrable por la observación? Es aquí donde entran las realidades de la fe. La fe, según la definición de un pensador del siglo I d.C., que sigue siendo igual de válida para el día de hoy, es: “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. ¿Cuántos no estamos viviendo con fe en muchos aspectos de la vida? Todo lo relacionado con el futuro, por ejemplo, se encuentra en la dimensión de la fe, incluso las “convicciones o certezas” basadas en algo tan “fiable” como la ciencia. ¿Quién te garantiza que mañana por la mañana saldrá el sol? La astronomía ha estudiado las órbitas planetarias hasta el día de hoy pero no puede garantizar que mañana no sea un día en el que a la Tierra le toque cambiar su curso. Obviamente confiamos en que no será así porque tenemos “fe” en una especie de ley estadística basada en la observación.

La existencia de Dios es algo que no se puede comprobar en un experimento de laboratorio porque es una realidad, como hemos dicho, que está más allá de lo verificable experimentalmente. Pero ocurre lo mismo cuando nos enfrentamos al interrogante de si es posible demostrar que Dios no existe. Tampoco es posible a causa de la naturaleza de este hecho, de esta afirmación. En conclusión, podemos afirmar, sin lugar a dudas, que tanto la creencia en Dios como la no creencia son dos decisiones de fe.

¿Cómo optamos, pues, por una o por otra? ¿cómo decidimos finalmente en cuál tener fe? Te ofrezco algunas preguntas que, entre las muchas que se podrían hacer, pueden ayudar a que cada uno tome su propia decisión. Si me permites las acompañaré con algunas frases de conocidos hombres de la historia de la ciencia y el pensamiento.

¿Qué es más fácil creer: que el mundo que conocemos con toda su complejidad se creó de la nada por una concatenación de sucesos azarosos o que fue diseñado por una mente inteligente? ¿Te planteas cuando ves un reloj que pueda no haber existido un relojero previamente que lo diseñara?

La matemática es el alfabeto con el que Dios escribió el mundo Galileo Galilei

El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir

Albert Einstein.

Un poco de ciencia aleja de Dios, mucha ciencia acerca de nuevo a Dios

Louis Pasteur

Las cosas invisibles de Dios […] se hacen claramente visibles desde la creación del mundo

Pablo de Tarso

El enfoque habitual de la ciencia de construir un modelo matemático no puede responder a la pregunta de por qué ha de existir un universo que el modelo deba describir. ¿Por qué se toma el universo la molestia de existir? ¿Es la teoría unificada del universo tan convincente que ocasiona su propia existencia? ¿O requiere un creador y, en ese caso, qué otros efectos tiene éste en el universo?

Stephen Hawking (nada sospechoso de encontrarse cercano al cristianismo)

Quizá, una pregunta más, para terminar, podría ser: ¿cómo se explica la necesidad del ser humano, en cualquier cultura y momento de la historia, de buscar una relación con la divinidad? ¿Cómo puede “la sola materia” llegar a un momento en que se encuentre reflexionando sobre el origen y fin de su existencia?

Para movernos en la dimensión de lo espiritual, de lo trascendente, solo lo podemos hacer desde el campo de la fe. La cuestión es que es una dimensión inherente al ser humano y de la que todos participamos, teniendo fe en la existencia de Dios o en la no existencia, pero todos ejercemos algún tipo de fe.